CURACIÓN DE UN LEPROSO

Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud. Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes purificarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. Y al instante quedó purificado de su lepra. (Mateo 8, 1-3)

Las palabras de Jesús son sanadoras: curan las enfermedades del cuerpo y del alma.

Las palabras de Jesús son purificadoras: limpian el corazón de toda mancha de pecado.

Las palabras de Jesús son liberadoras: destruyen las cadenas que nos atan y nos impiden actuar como personas libres.

Las palabras de Jesús son salvadoras: nos devuelven la dignidad de hijos muy amados de Dios.

Las palabras de Jesús son motivadoras: nos impulsan a hacer el bien, a vivir en el bien.

Las palabras de Jesús son renovadoras: nos hacen dejar atrás lo viejo, lo que hemos sido, y nos muestran nuevos rumbos, nuevas ideas, nuevos caminos para llegar a Dios.

Las palabra de Jesús son anuncio y promesa de felicidad, de armonía y de paz, si escuchamos su mensaje.

Las palabras de Jesús son fuente de vida y esperanza para quien sabe acogerlas.

Las palabras de Jesús son luz que ilumina nuestro caminar de cada día.

Las palabras de Jesús son vivas y eficaces.

Las palabras de Jesús son atemporales: fueron dichas hace más de 2.000 años, pero siguen siendo actuales.

Las palabras de Jesús son Palabra de Dios.

Todas las circunstancias de nuestra vida, todos los acontecimientos de nuestra historia personal y de la historia del mundo; todas nuestras situaciones y nuestros estados de ánimo: nuestros miedos, nuestras soledades, nuestras indecisiones, nuestras cobardías, nuestras tristezas, pueden ser iluminados, purificados, sanados y bendecidos por las palabras de Jesús, que ponen cada cosa en su lugar, y les dan el sentido y el valor que les corresponde.

Todas nuestras dificultades, todos nuestros problemas, todos nuestros trabajos y todas nuestras luchas, todas nuestras angustias y todas nuestras frustraciones, pueden ser aceptados y vividos con paz, animados y fortalecidos por las palabras de Jesús, que  son siempre palabras amorosas y cálidas para quienes las escuchan con fe.

Jesús tiene muchas cosas qué decirnos, muchas cosas qué enseñarnos, y nosotros tenemos muchas cosas qué aprender de él; de su bondad, de su generosidad, de su fe, de su entrega total a Dios, de su misericordia y su perdón, de su fidelidad, de su mansedumbre, de su fuerza interior. Lo único que debemos hacer es abrir nuestro corazón y nuestra mente para que estas palabras sabias y benévolas, penetren en nuestra intimidad y nos trasnformen, y haga denosotros creaturas nuevas, hombres y mujeres al estilo de Dios, de quien Jesús es verdadera imagen y verdadera palabra.

Busquemos tener cada día contacto con las palabras de Jesús. Leámoslas con cuidado y atención. Permitamos que penetren nuestro corazón y empapen nuestra vida. Abramos espacios para que Dios obre en nosotros a través de ellas y por ellas.

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