LOS TRABAJADORES CONTRATADOS

“El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió de madrugada a contratar trabajadores para su viña. Se puso de acuerdo con ellos para pagarles una moneda de plata al día, y los envió a la viña. Salió de nuevo hacia las nueve de la mañana… Salió otra vez al mediodía, y luego a las tres de la tarde, e hizo lo mismo. Ya era la última hora del día, cuando salió otra vez  y dijo a unos: “Vayan también ustedes a trabajar a mi viña”. Al anochecer dijo el dueño de la viña a su mayordomo: “Llama a los trabajadores y págales su jornal, empezando por los últimos y terminando por los primeros”… Cada uno recibió una moneda de plata.  Los demás, mientras se les pagaba, protestaban contra el propietario. Decían: “Estos últimos apenas han trabajado una hora, y los consideras iguales que a nosotros, que hemos aguantado el día entero y soportado lo más pesado del calor”. El dueño contestó: “Amigo, yo no he sido injusto contigo. ¿No acordamos en un denario al día? Toma lo que te corresponde y márchate. Yo quiero dar al último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a llevar mis cosas de La manera que quiero? ¿O será porque soy generoso y tú envidioso?”” (Mateo 20, 1-16)

La justicia de Dios y nuestra justicia son muy diferentes. Es lo que nos quiere enseñar Jesús en esta parábola.

Nuestra justicia se fundamenta en normas y leyes, inventadas por nosotros mismos, para poner límites a las acciones que realizamos, pensando en el bien común. Es una justicia legal, en la que lo fundamental es el cumplimiento exacto de la ley.

Por su misma naturaleza, nuestra justicia es una justicia limitada; una justicia cerrada; una justicia “corta de vista”, que castiga o premia sólo lo que ve.

 La justicia de Dios, en cambio, es una justicia abierta; una justicia sin límites; una justicia iluminada y fortalecida por la misericordia, que es el principal atributo divino; una justicia generosa; una justicia en la que lo más importante no es la ley o la norma que regula las acciones, sino la persona, el ser humano.

Todo lo que Dios nos da a lo largo de nuestra vida, es absolutamente gratuito, y por lo tanto, no podemos ponernos a compararnos con nadie y tampoco a hacerle reclamos. Si  dependiéramos de nuestros méritos, hace ya mucho que estuviéramos perdidos, porque cuánta gente hay mejor que nosotros.

Pero Dios es infinitamente misericordioso con todos, y su amor no conce fronteras. Su generosidad supera todos los límites. Dios no ahorra en sus dones y sus gracias; los reparte a manos llenas entre todos sus hijos, sean quienes sean, se lo merezcan o no, y nosotros no podemos oponernos a ello, de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia.

Jesús es la expresión maravillosa de la misericordia infinita de Dios, activa y presente para todos los hombres y mujeres de todos los lugares y de todas las épocas de la historia.

Jesús es la compasión misma de Dios, que sale al encuentro de quien lo necesita para ayudarlo, para apoyarlo, para levantarlo.

Jesús es Dios que supera toda justicia, y entrega su vida por nosotros. Por cada uno. Por todos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s